Medina, Pompeo y el sentido común


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Por Alfredo De la Cruz

De una manera simple la diplomacia es la ciencia que estudia las relaciones y los intereses de unas naciones con otras. El concepto es utilizado además para referir a la forma en que los Estados manejan sus relaciones internacionales.

Conviene saber que un diplomático es un servidor público que ejerce la representación del Estado en las relaciones internacionales. De manera que las funciones básicas de un diplomático son representación del Estado al que pertenece, la negociación y la información.

Ya que el protocolo diplomático es el conjunto de reglas que rigen las relaciones entre los diferentes Estados y entre estos y las organizaciones internacionales, éste está sometido a una regla básica.

Sobre la diplomacia y sus protocolos podemos decir que quien ocupa un cargo diplomático debe ostentar en su conducta y manifestaciones la máxima prudencia haciendo un uso desmedido del sentido común y la experiencia, suavizando cualquier detalle que pueda aparecer en las relaciones entre países soberanos y evitando a toda costa que sus expresiones puedan ser generadoras de algún tipo de conflicto.

Podríamos decir de alguna manera sin temor a equivocarnos que en esto se basa el derecho internacional, que se enseña en las facultades de Derecho a todos los aspirantes a abogados en la materia Derecho Internacional Público.

Lo que podemos resumir en que la diplomacia exige en todos los casos sentido común, comprensión, inteligencia, tacto, capacidad negociadora, y por sobre todas las cosas obviar o minimizar fricciones desarrollando en la actuación actitudes amistosas.

El pasado miércoles 10 del presente mes, el Secretario de Estado de Estados Unidos Mike Pompeo conversó vía telefónica con el Presidente de República Dominicana Danilo Medina Sánchez, obviando aparentemente el protocolo diplomático y despertando críticas en sectores que preservan el pensamiento clásico en el manejo de las relaciones entre Estados.

Sin embargo, dado el giro de Washington en la administración Trump hacia una diplomacia del espectáculo, no queda, aparentemente, un margen para maniobrar y hacer la diferencia. Habidas cuentas que poco después de su triunfo, sin haber sido juramentado aún, el presidente electo Donald John Trump nos mostró sus aristas, al inaugurar la que podría ser llamada la diplomacia del teléfono.

Recién electos, el presidente Trump y el vicepresidente Mike Pence llamaron a cerca de 40 líderes de otros países, sin ningún orden aparente ni protocolo. Renunciaron al asesoramiento del Departamento de Estado que para estos casos acostumbran preparar al presidente con el contexto adecuado.

Conocidos estos detalles, no es de resultar extraño que Mike Pompeo haya hecho una llamada telefónica al presidente dominicano. Mike Pompeo es el secretario de Estado de Estados Unidos, el jefe del Departamento de Estado, que se encarga de las relaciones internacionales. En la línea de sucesión del Gobierno de Estados Unidos, es el segundo de mayor rango. Así como de preferencia en el Gabinete del presidente.

Conviene recordar que el primer secretario de Estado fue Thomas Jefferson, nombrado por George Washington en 1789. En Estados Unidos, por lo general, un presidente busca un secretario de Estado que comparta su visión del mundo y sea capaz de representar la hoja de ruta internacional de la Casa Blanca ante los líderes mundiales.

Visto todo lo anterior y conociendo que Pompeo fue seleccionado por el presidente Trump, tenemos claro del tipo de acciones y/o reacciones que puede ser capaz, contra cualquier norma o protocolo, máxime cuando ello lo entiende razón de Estado.

Del presidente Medina no haber contestado la llamada del Canciller estadounidense habría sido una desafortunada manifestación que nos comprometería con el país más importante del mundo, generando muestras claras de intolerancia y ausencia de sentido común y tacto en el manejo de las relaciones internacionales, perjudicando ostensiblemente la imagen del país que tanto el mismo presidente Medina ha trabajado y del pueblo que le ha delegado la tan alta posición que ostenta.

Si bien, el no tomar la llamada por la no observancia de los procedimientos, no debiera ser, en principios, motivos de conflictos, ya que es competencia de los dominicanos resolver nuestras diferencias internas, como hemos sabido hacerlo en el pasado, para beneficio de nuestras gentes. El presidente Medina hizo lo correcto en responder, pues por encima del protocolo, se impone el sentido común y la buena forma en la generalidad de los casos.

Alfredo De la Cruz